Cómo cumplir tus sueños en el menor tiempo posible

El sol empieza a mostrar sus primeros rayos de luz por el horizonte. El revoloteo de las gaviotas al amanecer y el incesante sonido del romper de las olas provocan una disimulada sonrisa en mi rostro.

Es momento de tomar la decisión de levantarme o, si por el contrario, prefiero quedarme unos minutos más relajándome sobre mi hamaca, la cual se encuentra firmemente amarrada entre dos robustas palmeras.

¿Qué voy a comer hoy? ¿Qué aventura me deparará este día? ¿Conoceré a alguien interesante?

Son las 6:30 de la mañana. Me pongo en pie.

No me importa madrugar.

Creo que no hay mejor forma de empezar un día que con un refrescante baño en aguas cristalinas, mientras disfruto del amanecer junto a la persona que más quiero.

Rápidamente cojo a mi chico del brazo y ponemos rumbo a la orilla, la cual se encuentra a pocos metros de nuestra idílica casa del árbol.

Nos quedamos unos minutos observando cómo el sol va ascendiendo lentamente sobre el horizonte.

Agarro su mano y juntos nos zambullimos en las mágicas aguas.

De repente, mi cuerpo se incorpora sobre mi cama. Por unos segundos me siento desorientada, pero no tardo darme cuenta de que todo había sido un sueño.

El móvil vibra sobre la mesita de noche. Veo en la pantalla de mi Samsung la cara de mi jefe e inmediatamente me doy cuenta de la hora. Las 8:15, llego quince minutos tarde a la oficina y mi jefe me está llamando para exigirme explicaciones.

De un salto me incorporo, cojo lo primero que encuentro de mi armario y salgo fugazmente de mi apartamento. Bajo las escaleras de tal forma que siento como toda mi vida puede desmoronarse si me retraso por mucho más tiempo.

Nada más salir del portal, el gélido frío golpea mi legañoso rostro. Me dirijo a la avenida principal con la intención de tomar el primer taxi disponible. Todavía no he terminado de despertarme y el irritante sonido de las bocinas ya está castigando mis oídos.

Pitidos que probablemente provengan de personas que en este momento se encuentren en una situación similar a la mía.

Por fin logro tomar un taxi. Sin embargo, el caótico tráfico de la mañana nos impide avanzar, hecho por el cual el conductor aprovecha para interesarse por mi nerviosismo.

Balbuceando, le cuento lo sucedido.

Tal fue la conversación con el amigable conductor que terminé hablándole sobre mi fantasioso sueño, llegando a acusar a mi utopía de ser la responsable de que pudiese ser el día en que perdiera el trabajo que tanto me había costado conseguir.

Tras llegar a mi parada, el conductor se despide con una frase que marcaría el resto del día:

“Al menos tú tienes un sueño, chica. ¡Feliz Viernes!”

 

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