La empatía, señal de inteligencia emocional

Según el diccionario de la RAE, la empatía es “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. En otras palabras, es cómo me relaciono yo con el otro para que esa persona se sienta bien conmigo. Es meterme en el otro, captarlo y sintonizar con él. Es ver el mundo desde los ojos del otro.

Todos necesitamos empatía desde la infancia para relacionarnos con los demás, para generar una alianza y tener la posibilidad de interactuar de manera sana. Podemos pensar la empatía en términos de grados y a su vez existen distintos niveles de empatía:

1.Simpatía no es empatía

Si soy simpático, le agrado al otro. Si soy empático, procuro que el otro se sienta bien conmigo. Cuanto menos empatía hay, mayor es el individualismo. Cuanto más empatía hay, menor es el nivel de maldad. Las personas que mienten, roban y llevan a cabo cualquier acto para lastimar a otros poseen baja empatía. Es casi imposible que alguien empático pueda dañar a otros y hacerles lo que no desea que le hagan a él o a ella. La maldad y el egocentrismo son sinónimos de falta de empatía.

2.Baja empatía

Miremos algunos ejemplos de lo que sería baja empatía en situaciones particulares:

a. En lo personal

Solo hablo de mí, siempre hablo yo: la comunicación es un espacio de ida y vuelta de la información. El narcisista habla de sí mismo porque el otro no le importa.

Siempre le digo lo que pienso al otro: “Yo en tu lugar, haría esto y aquello”. En lugar de esperar que mi interlocutor me cuente cuál es su problema y cómo desea que lo ayude. Ser empático es permitirle al otro que se exprese.

Alguien dice algo y enseguida doy mi opinión.

Siento que nadie en el mundo me entiende: aquí la persona tiene poca capacidad de reflexión sobre lo que le sucede porque el problema es “suyo”.

A mí nadie me entiende en esta casa: el problema aquí es “mí”. Si los demás no logran comprender mis emociones o mi estado de ánimo, necesito cambiar mi manera de comunicarme.

b. En lo grupal

Todos se quejan del líder: sienten que no tiene empatía y no considera a los demás.

Me corto solo: a menor empatía, mayor individualidad. Aquí no hay equipo.

Soy antipático en el grupo: esto tiene lugar cuando lo individual pesa más que lo grupal.

Yo hago lo que a mí me gusta por sobre los demás.

¿Cómo motivamos a un grupo grande de gente? A través de los sueños y las metas a alcanzar. ¿Cómo motivamos a un grupo pequeño de gente? A través de la empatía.

c. En la pareja

Me enamoré del otro y no hablo con el otro ni me interesa si me ama o no, yo lo amo y punto: la persona se enamoró de su enamoramiento. Le gusta el aspecto del otro pero no hay empatía. No existe una construcción del vínculo afectivo. Nadie puede enamorarse de alguien con quien nunca ha hablado. En este caso, se pone de manifiesto el deseo de enamorarse.

Te amo y te odio: te amo porque me enamoré de lo que yo proyecto en vos; pero te odio porque no correspondiste a todo eso y me mostrás que no sos todo lo que yo imaginé ni satisfacés mis necesidades. No puedo evitar darme cuenta que no llenás toda mi proyección.

Me dejó y no sé por qué, salimos solo tres veces: en cada nueva salida, el interés de él disminuía pero ella no registró lo que ocurría. Ella considera que las tres salidas fueron buenas. Aquí el deseo de ella superó su realidad empática. Tres no es malo pero no tan bueno como para ser cuatro o cinco.

Tenés que hablarme ahora, te lo exijo: esto ocurre, por ejemplo, en la pareja donde hay un intento de diálogo y de compartir cosas pero, como existen muchas cosas personales y pocas en común, la empatía es baja. Es en realidad una mezcla de amistad y amor.

A los demás, les falta amor: esta frase suele estar en boca de aquellos que demandan empatía de los otros. Sin embargo, son las personas que menos empatía tienen. Esa es la razón por la que la exigen de los demás.

Estos son algunos de los beneficios de la empatía:

Motiva a la gente.

Trae resultados.

Mejora las relaciones interpersonales.

La empatía es una señal de inteligencia emocional que todos podemos aprender y construir. Es importante enseñarles a nuestros hijos a “ponerse en los zapatos del otro” y, sobre todo, a no hacerles a los demás lo que no les gustaría que les hicieran a ellos. Es importante enseñar el gran mandamiento: “No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a vos”.

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